Tradiciones y cultura

Leyendas cortas de sirenas

Leyendas cortas de sirenas

No hace mucho tiempo, conversando con un amigo sobre los embrujos que encierra el mar, nos pusimos a repasar varias leyendas cortas de sirenas. De entre todas las historias que mi camarada me relató, hubo una que me dejó los cabellos de punta y ahora mismo se las pienso compartir.

Sucede que hace muchísimos años, en una playa del sureste del país caminaba por la noche un hombre, quien le pedía a la luna encontrar una mujer que se casara con él. De repente, escuchó una voz que salía por entre las olas pidiendo auxilio.

– ¡Socorro, ayúdame!

El sujeto entró al agua y pudo apreciar a una hermosísima muchacha que luchaba contra la furia del mar. Rápidamente, se aproximó a ella y pudo notar que en vez de piernas la mujer tenía una aleta de pez pegada al talle.

– Soy una sirena. Si logras sacarme de aquí y llevarme a la parroquia de San Malaquías te prometo que me casaré contigo y seremos felices para siempre. Además soy dueña de una gran fortuna, misma que está enterrada en la parte suroeste del templo. La única condición es que una vez que me tomes en tus brazos, no podrás mirarme a los ojos hasta que lleguemos a nuestro destino.

– No hay problema, así lo haré. Respondió el hombre.

Para no sentirse tentado a mirarla, el hombre acomodó a sirena sobre su hombro con el rostro está hacia atrás. Al principio del trayecto el sujeto caminaba rapidísimo. Sin embargo, poco a poco sintió que el peso de la “carga” se iba haciendo más y más pesado.

De pronto, empezó a oír un siseo cerca de su oído. Sin recordar la advertencia que anteriormente le habían hecho, giró la cabeza y vio aterrorizado que lo que estaba cargando era una anaconda.

El hombre soltó a la boa en el piso y corrió lo más rápido por pudo. No obstante, la serpiente tuvo el tiempo suficiente como para morderle el cuello por lo que murió a los pocos pasos.

Por su parte, la criatura se arrastró hasta llegar de nuevo al mar, esperando que llegase su siguiente víctima.